Antonio Maceo
Dos veces rechazó una paz que dejaba en pie la esclavitud, y dos veces volvió al campo de batalla.
El ascenso
Nacido el 14 de junio de 1845 cerca de Santiago de Cuba, hijo de un labrador afrovenezolano libre y de Mariana Grajales, se alistó como soldado raso pocas semanas después del Grito de Yara, en octubre de 1868. Las heridas y los resultados lo llevaron de comandante a general de brigada en cinco años, y sus hombres empezaron a llamarlo el Titán de Bronce.
Lo que hicieron
En Mangos de Baraguá, el 15 de marzo de 1878, le dijo en la cara al general español Martínez Campos que el Pacto del Zanjón no compraba ni la independencia ni la abolición, y la Guerra de los Diez Años siguió bajo una constitución redactada allí mismo. De vuelta del exilio en 1895, él y Máximo Gómez llevaron la columna invasora desde Baraguá hasta Mantua, en el extremo occidental de la isla, en tres meses.
El cuadro completo
Durante años se le negó el ascenso por razones que su propio bando no ocultaba: su color y su origen. Sus rivales lo usaron para agitar el fantasma de una república negra, acusación que tuvo que responder por escrito. Cayó en San Pedro, cerca de Punta Brava, el 7 de diciembre de 1896, alcanzado por dos balas mientras cortaba una cerca, con la guerra aún sin ganar.
Por qué importa
Se negó a que la independencia cubana se separara del fin de la esclavitud, e hizo de esa negativa el acto fundador que todo gobierno cubano posterior ha tenido que reivindicar.
“Guarde usted ese documento, que no queremos saber de él. No, no nos entendemos.”