Katherine Johnson
La « computadora humana » en la que John Glenn confió más que en la máquina antes de dar la vuelta a la Tierra.
El ascenso
Niña prodigio de White Sulphur Springs, en Virginia Occidental, donde ninguna escuela secundaria admitía a niños negros, se graduó en matemáticas y francés por el West Virginia State College a los dieciocho años y, en 1939, fue una de los tres estudiantes negros elegidos para integrar el posgrado de la Universidad de Virginia Occidental. En 1953 se incorporó a la unidad segregada de computadoras del West Area, en el laboratorio Langley de la NACA.
Lo que hicieron
Calculó la trayectoria del vuelo de Alan Shepard en 1961, cofirmó el primer informe de su división que llevó nombre de mujer y, en 1962, volvió a verificar a mano las cifras orbitales de la computadora electrónica a petición de John Glenn, antes del vuelo del Friendship 7. Sus trabajos alimentaron el alunizaje del Apolo 11 y el transbordador espacial, y recibió la Medalla Presidencial de la Libertad en 2015, a los 97 años.
El cuadro completo
Su aportación permaneció invisible durante medio siglo, y la película Figuras ocultas (2016) la dramatizó con invenciones, entre ellas una escena de baños segregados que ella afirmó no haber vivido nunca. Fue una de las decenas de computadoras negras de Langley cuyos nombres siguen siendo desconocidos, y su propia modestia desvió durante mucho tiempo los honores.
Por qué importa
La historia de Johnson reescribió a quién se recuerda en la historia del vuelo espacial y dio a una generación de niñas negras la prueba de que las ecuaciones de la era espacial llevaban su letra.
“Amen lo que hacen, y entonces darán lo mejor de ustedes.”