Zinedine Zidane
El hijo de inmigrantes cabilios cuyos dos cabezazos hicieron que Francia creyera en sí misma.
El ascenso
Nacido en el barrio de La Castellane, en el norte de Marsella, de padres cabilios argelinos, Zidane aprendió a jugar sobre el cemento y fue descubierto por el Cannes a los catorce años. Pasó por el Burdeos y luego por la Juventus en 1996, donde dos títulos de la Serie A y el Balón de Oro de 1998 lo consagraron como el mejor organizador de juego de su generación.
Lo que hicieron
Sus dos goles de cabeza en la final del Mundial de 1998 dieron un 3-0 ante Brasil y convirtieron a un equipo « black-blanc-beur » en símbolo nacional; añadió la Eurocopa de 2000 y, en el Real Madrid tras un traspaso récord, la Liga de Campeones de 2002 con una volea en la final. Como entrenador del Madrid ganó tres Ligas de Campeones consecutivas de 2016 a 2018, hazaña que ningún otro técnico ha logrado.
El cuadro completo
Su carrera de jugador terminó con una tarjeta roja por un cabezazo a Marco Materazzi en la final del Mundial de 2006, tras una docena de expulsiones anteriores. Nunca fue condenado, pero cerró con un acuerdo un caso fiscal en España en 2006, y su silencio político, incluso ante el uso del equipo de 1998 por la extrema derecha, decepcionó a quienes esperaban una voz más fuerte desde los suburbios.
Por qué importa
Zidane sigue siendo el símbolo más potente de lo que los hijos de la inmigración magrebí pueden dar a la República, y el recordatorio de lo condicional que puede ser ese abrazo.
“Fue mi padre quien nos enseñó que un inmigrante debe trabajar el doble que los demás, que nunca debe rendirse.”